Con Windows XP apareció una gestión de usuarios mucho más clara y accesible: cada persona podía tener su propia cuenta con fondo de pantalla, iconos, contraseña y configuración. La pantalla de inicion con avatares fue muy popular, sobre todo en hogares compartidos y cibercafés. Esto marcó el paso de un PC "único" a un ordenador multiusuario y personalizado, algo muy típico de la época.
3 usuarios principales:
Administrador: control total del sistema
Estándar: Podía usar programas y cambiar su propia configuración
Invitado: Acceso muy limitado, pensado para uso temporal

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